Aprendiendo a ligar en Madrid

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Diversas son las razones que nos invitan a bailar.  A veces, para saber si somos capaces de asimilar el baile tal como los profesionales, y otras porque tenemos debilidad por aquella cultura, pero también se dan casos de gente que se inscribe en clases de baile con la finalidad de hacer amistades… e incluso de buscar al amor de su vida.

Para las personas que quieren encontrar el amor, las clases de baile son parte de ese latir esencial de que al amor se le puede encontrar en los lugares más comunes como en los menos habituales. Pero si no somos capaces de encontrar ese

Cierto es pues que en las páginas de citas para ligar en Madrid como fuego de vida es bastante más fácil hablar con gente de todo tipo. Y es que muchas veces entablar relaciones, supone asistir a otro tipo de eventos que quizá al interesado en encontrar el amor no le interese ir realmente.

Ahora bien también es verdad que el aprendizaje de un baile no es más que la suma de una serie de complementos que siempre nos vendrán bien al margen de que consigamos o no nuestro objetivo primario.

A veces pensamos que el tipo de baile deberá de ser de nuestro agrado y no es del todo cierto, porque a veces resulta que nos gusta escuchar el tango y no bailarlo o que no estamos muy acostumbrados a bailar salsa pero que nos gusta mucho la serie de movimientos que desprende ese baile.

Una vez elegido el baile y una vez hayan empezado las clases deberemos transmitir entusiasmo en todo momento. Hacer a un lado los temores e inseguridades porque será una buena oportunidad para darnos a conocer a partir de cero.

Un lugar destinado al aprendizaje tiene la característica esencial de que empezamos a hacer algo que en cierta forma compartimos y es el interés por aprender a bailar, lo que más allá de distraernos nos ayudará a estar en forma que es uno de los mayores beneficios de mover el cuerpo.

En adelante y a medida que se vayan desarrollando las clases iremos conociendo a unos y otros. Hablaremos más con unas que con otras. Formaremos pareja y encontraremos sin duda gente afín a nosotros porque los temas serán múltiples y el momento de las clases un momento especial para hacer a un lado los malos rollos que puedan estresarnos.

Podremos quedar en algún otro momento para seguir practicando algunos pasos que a lo mejor no se nos den tan bien, en un principio lo mejor será intentar quedar en grupo, aun cuando nos hayamos fijado en alguien. Luego ya si lanzamos un mensaje verbal y vemos que somos correspondidos convendrá cuanto antes proponerle a la persona que nos hemos fijado si acaso le apetece probar de poner en práctica todo lo aprendido en las clases. No pasa nada si asisten otros compañeros de las clases, después de todo un cambio de ambiente nos vendrá bien. Y si no tenemos positivos resultados…hay diversos estilos de baile como mujeres que se puedan fijar en nosotros.

Madrid: destino de citas

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Está claro que Madrid es uno de los mejores lugares para ligar y conocer gente, de eso no hay duda. Pero si acabas de llegar o tu timidez te lo impide, Internet es una de las mejores soluciones al respecto. Descubrelo registrándote y verás que te abrirá un mundo de posibilidades de encontrar a otras personas afines de una manera rápida y sencilla. Y es que el amor nunca había estado tan cerca.

 

 

Cómo entrar a una mujer y quedarse dentro

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Hay que tener mucha psicología para ello. Si estás en una discoteca deberás saber mirar en primer lugar. Los ojos hablan primero.

Pero tu mirada no debe ser la de un violador en serie porque eso hará que la mujer en la que te has fijado se aleje de ti o te tenga miedo. No mires demasiado. Si vez que te responde con la mirada, hazlo como mucho tres veces. La primera buscas sus ojos. La segunda le clavas la mirada con ternura y para la tercera dejas que pase un rato pero lo haces estando más próximo a ella.

Y es entonces cuando te tienes que arriesgar. Busca un lugar donde puedas preguntarle algo. El sitio ideal es la barra. No la mires pero presta atención a lo que hace. Acércate y cuéntale por ejemplo que el camarero te sirvió dos copas en vez de una. Busca un pretexto para hacerla sonreír. Debes lograr que se ría. Pero tu pretexto no debe ser cursi. Lo debes pensar con antelación. Eso sí, si estás en una discoteca y quieres presentarte a un grupo de personas donde esté aquella mujer, no bebas, por lo menos no bebas en exceso. El alcohol te libera, pero también te puede jugar malas pasadas. Y a muchas chicas no les gustan los tíos que beben en cantidad.

Transmite confianza, eso las relaja. Pregúntale si estudió en tal o cual instituto. Dile que tu cara te suena de otra parte. Y que si sale en la tele o algo parecido. Lograrás sorprenderla de manera espontánea pero sobre todo conseguirás que se ría. Pero qué haces si esa chavala que te ha mirado y a la que tú también has mirado está rodeada de gente, pues no te va a quedar más remedio que presentarte a un grupo de personas. Tal vez hablando con los amigos de ella sea una manera efectiva de ir al meollo del asunto, que es lo que de verdad te interesa. Piensa en todas las posibilidades.

Si quieres entrarle a una mujer en un bar, piensa que también es posible, con mayor razón si la música no es tan estridente o suena menos fuerte que en una discoteca. Hazte el loco, pronuncia su nombre ¡Laura!, exclama. Luego ella se reirá, y tú la miras directo a los ojos. Te la comes con la mirada, luego le dices que lo sientes. Cuando eso si ella sonríe tócale el brazo o la mano y dile lo tonto que has sido. Insiste en que eres igual a ella. Busca una foto en tu cartera pero claro, no la debes encontrar. Que piense que ha sido tu novia pero eso es algo que no deberás develar, luego te presentas, estrechándole la mano y si estás con apetito se la besas con educación. Si no dice nada ya la tienes. Ella entonces se verá en la obligación de decir su nombre. Te tiene que encantar como se llama y entonces podrá seguir adelante, invitándola a beber otra copa, o proponiéndole ir a otro sitio mejor. Si para ello debes presentarte a un grupo de personas hazlo. Una chica linda lo merece.

Sexo en público ¿Te atreves? Mi amiga sí

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Muchas veces ante la pregunta de dónde nos gustaría tener sexo solemos elegir lugares públicos. Un poco por el morbillo que despierta. Cierto, básicamente porque es excitante saber que estamos en un espacio libre donde si hubieran personas no nos atreveríamos a hacerlo.

Sin embargo muchas veces no nos ha quedado más remedio que correr el riesgo cuando hemos estado en el coche de nuestro novio y pese a estar en una playa, lo hemos terminado haciendo. Lo normal, vamos, a cualquiera le puede pasar. Yo me ruborizo.

Una amiga mía tiene, eso que se le llama fetiche. Y es que dice que solo le gusta hacer el amor en lugares públicos. Le encanta los lavabos de los cines. En mitad de la peli coge a su novio de la mano y lo lleva. Dice que para ella es una sensación increíble, maravillosa. Que después de eso se queda como nueva. Y si mientras tiene sexo viene alguien más al lavabo su excitación se incrementa. No sé si sea verdad, pero asegura que a ella le pasa eso. Y que es una condición que les pone a todos los novios cuando inician una relación, al punto que se conoce los lavabos de bares y lugares de ocio de la ciudad, según cuenta nunca la han pillado. No sé si creerle pero cada vez que me cuenta eso me excita. Me dan ganas de ser ella. De tener ese valor. Esa capacidad. Esa especie de instinto animal para el sexo

Dice que también le gusta el sexo en los probadores de las tiendas de ropa. Y que es muy fácil hacerlo ahí, eso sí, se trata de hacer algo rápido, y lo que ella hace es entrar con mogollón de ropa, luego de eso pide al encargado de los probadores que si puede dejar pasar a su novio para que la mire. El encargado dice que no hay problema y entonces el novio es quien la viste, él es quien le pone y le quita las prendas y en medio de todo eso: jamón.

Imaginar a mi amiga en esa circunstancia me pone. Principalmente porque está muy buena. Tiene un cuerpo increíble. Va al gimnasio tres veces por semana. Muchos hombres la desean, muchas mujeres incluso estarían dispuestas a acostarse con ella.

También le excitan los lavabos de los aviones y los vagones de trenes de largo recorrido. Dice que ahí es mucho más entretenido, sobre todo cuando es tarde por la noche. No hay nadie. Y esa soledad, ese vacío entre el paisaje que se aprecia por la ventanilla y el ruido casi ensordecedor del tren siembran en ella una sensación exquisita, la misma que se vuelve contagiosa con algunos de sus novios, que han aprendido a entenderla y a desearla más que a nadie en la vida porque es un secreto que ella lo confiesa una vez que hay confianza claro. Antes no. Antes de eso ella es una educada jovencita con ganas de casarse y tener hijos como las demás.